

Lo confieso, estoy enganchado… enganchado a Perdidos. Tras meses, diría incluso años, en que nuestros amigos y conocidos nos hablaban de la serie y nos hemos resistido estoicamente a la posibilidad de caer en la tentación, finalmente me he descargado, ups!, digo, he comprado la primera temporada. La serie está bien por la trama, por lo menos nos tiene en vilo esperando a ver qué va sucediendo. Pero no es de esto de lo que os quiero hablar yo hoy. El tema es que me ha suscitado una pequeña reflexión sobre la supervivencia.
Mi concepto sobre la afición de los estadounidenses por la supervivencia ha pasado por distintas fases. Antes pensaba que era algo artificioso. Luego pasé a verlo bien, a pesar de toda la parafernalia que rodea a los Boys Scouts y tal pienso que puede ser una buena experiencia para los niños y un acercamiento a la naturaleza. Hoy día sigo pensando así, creo que es normal que al hombre le tire la supervivencia, que busquemos esa relación íntima con lo salvaje. Realmente estamos hechos para sobrevivir, todos los animales se tienen que buscar la vida para alimentarse, protegerse, refugiarse.
Hay multitud de pueblos con rituales de caza y supervivencia para la mayoría de edad de los hombres. Deben demostrar ante su tribu o núcleo social que pueden, primero valerse por sí mismos para alimentarse y alimentar a sus familias; y por otra parte que pueden aportar algo al grupo.
Quizás por eso este tipo de series tienen éxito, muchos saciarán parte de su instinto de supervivencia a través de las experiencias de los demás. En el caso de Perdidos sigo intentando explicarme de qué viven cuarenta y tantas personas con lo que cazan, pescan y recolectan, pero aún así es atractivo y reconozco que me resultan excitantes sus vivencias. Un abrazo
Hoy me ha llegado un e-mail que me ha gustado mucho, de una familia de Madrid que quiere cambiar de vida y me preguntan por dónde empezar. Por eso he pensado escribir este artículo para que os sirva de ayuda a todos.
Siempre os estoy hablando de salir de la ciudad, vivir en el campo, en zonas rurales, vivir “del” campo, de oficios tradicionales, costumbres tradicionales, y todo eso. Hoy vamos a poner un pie en la realidad, quiero hablaros de cómo afrontar todo esto, de la situación en la que muchos os podréis encontrar de incertidumbre y duda sobre cómo casar nuestras ilusiones con la realidad y con nuestro futuro.
De este tema he y no he hablado, me explico. Creo que he dado por hechas muchas cosas, pero ciertamente no me he parado a hablaros de cómo podemos estar afrontándolas nosotros en concreto o mucha de la gente que hoy día está en esta situación. Os quiero hablar con franqueza e intentaré desplegar todo mi pragmatismo, porque hoy lo siento así. Mi planteamiento es el siguiente:
1. ¿Cual es nuestra situación? (Creo que este debe ser el punto de partida)
Nosotros en la actualidad vivimos en un pueblo en el área metropolitana de una ciudad, como quien dice en la ciudad misma. Trabajamos en la ciudad y toda nuestra vida ronda la ciudad.
2. ¿Cómo sería nuestra vida ideal? (Hay que saber lo que se quiere)
Lo ideal para nosotros sería vivir en mitad del campo, cerca de algún pequeño pueblo, de nuestros cultivos, trabajos artesanales,… en fin, creo que más o menos sabéis nuestro cuento.
Una vez sabemos cual es nuestro objetivo, 3. ¿De qué disponemos?
Pues en nuestro caso unos pequeños ahorros, acceso a un terreno familiar y nuestras ilusiones y trabajo. A nivel intelectual, sabemos de algunas cosas que nos podrán ser útiles, otras menos, que nos podrán ayudar a vivir del campo o de algún trabajo que encontráramos cerca.
Estas creo que son las tres cosas que debemos plantearnos en primer lugar y que son fundamentales. También podríamos hablar de otros muchos pequeños factores que no vienen a cuento y que cada cual deberá sopesar, más que nada para los puntos siguientes.
Una vez sabemos de qué partimos, qué queremos y de qué disponemos para llevarlo a cabo, tenemos que plantearnos, 4. ¿De qué modo lo podríamos llevar a cabo? Habremos de hacer una lista con todas las posibilidades que se nos vayan ocurriendo… Unas serán factibles de inmediato, otras requerirán algo de tiempo para buscar trabajo por la zona, prepararnos con los conocimientos que vayamos a necesitar, ahorrar, esperar por alguna situación familiar… quién sabe.
Aquí está la clave, amigos míos. Sólo os daré algún consejo,… plantear vuestros proyectos con realismo, os evitará frustaciones posteriores, lamentaciones y decepciones. Se trata de una empresa fundamental en vuestras vidas, en ella invertiréis vuestro tiempo y dinero, además de vuestras ilusiones y quién sabe qué más.
También os aconsejo otra cosa, más vale un apaño que la conformidad. Con esto quiero decir que todo el mundo no tiene las mismas posibilidades por infinidad de motivos, la misma valentía, los mismos recursos o los mismos gustos. Si os gusta el campo pero no veis la posibilidad de hacer un cambio tan radical, también existe la posibilidad de hacer como muchos de nosotros y seguir vinculados laboralmente a la ciudad y vivir en el campo, por poner un ejemplo. Siempre existen los pasos intermedios y el aprendizaje.
En fin, cada cual tiene una situación diferente y es imposible establecer una patrón común para todos, pero yo creo que si comenzáis vuestro proyecto de cambio de vida respondiendo estas cuestiones de una forma sincera tendréis un buen comienzo. Un abrazo.
A raíz de una conversación con el amigo Indómito Sam de Cortijo del Agua, caí en la cuenta de que nunca os había hablado de la relación que tengo con la electricidad. La nuestra es una relación muy especial, en alguna ocasión os hablé de la energía eólica, que está muy bien. Pero no he llegado a un tema que no solemos ni plantearnos.
Damos por hecho que la electricidad está dentro de nuestras vidas, nos rodea por todas partes en nuestra casa, en los edificios públicos, calles, centros de trabajo… cables y más cables, miles de millones de metros de cable que lo llenan todo. Ya lo dijo hace años Lorenzo Mediano, no tengo las palabras textuales en este momento pero venía a advertirnos de las posibles inconveniencias de nuestra convivencia con la electricidad. ¿Qué sabemos en realidad de la energía electromagnética? Yo por mi parte desconfío.
Nuestro cerebro funciona a base impulsos eléctricos, creo recordar. Tan solo para empezar, ¿sería conveniente guardar un aparato de gran precisión en el microondas y ponerlo en marcha? Imaginad lo que podría hacer con el movil. Supongo que cuanto menos dejaría de funcionar en ese momento. Pues no quiero ni pensar qué puede hacer sobre nosotros nuestra casa convertida en un gigante microondas electromagnético.
Sabéis que mi intención no es ser alarmista, no se trata de condenar a lo loco a la modernidad ni nada por el estilo. Pero sí es cierto que algo estamos haciendo mal. Ya hay estudios que relacionan todo esto con patologías muy comunes en nuestros días. Por mi parte, me preocupa este tema para el bienestar de mi familia. ¿Sabéis que relacionan los enchufes que hay junto a las camas con el insomnio? Y no hablemos de los móviles…
Yo, por mi parte, procuraré poner en mi casa cuantos menos enchufes mejor, localizados en zonas específicas, intentando minimizar su impacto y quizás incluso haciendo que los cables vayan por fuera de la casa. Un abrazo.
Ene
24
Tras algunos problemillas estos días, con tanto cambio y todo eso, de nuevo he conseguido que funcionen al 100% (por favor, si os sale algún error o algo comunicarlo), así que ya podéis volver a postear y todo eso. Estéticamente dejan mucho que desear, pero en cuanto termine con la apariencia del blog me pasaré con los foros.
Ya sabéis, comentarios, consejos, consultas,… para todo lo que queráis lo tenéis disponible. También estoy haciendo una recopilación de blogs y enlaces de gente que cuente su experiencia en el campo, está en la categoría “Enlaces” dentro del foro. Quien quiera incluir el suyo no tiene más que darnos el enlace en “En primera persona” o así. Un abrazo a todos.
El otro día se nos estropeó la lavadora… esto no tendría nada de particular sino fuera porque falta cosa de mes y medio para que cumpla un año con nosotros, todo un año de satisfacciones y una alegre tonadilla al terminar. Ni qué decir tiene que maldije a la marca (que mantendremos en el anonimato), suspiré y rogué a dios porque no empezáramos ya con los problemas electrónicos. Quizás os parezca un poco desfasado, pero pienso que frigoríficos, lavadoras, cocinas y coches, cuando menos modernos sean mejor, es decir, que no tengan nada automático. Siempre me ha gustado poder trastear y encontrar la solución cuando algún aparato se me estropea. En más de una ocasión arreglé mi viejo coche, todo absolutamente mecánico menos los limpiaparabrisas, y cuando llovía curiosamente dejaban de funcionar por algún contacto.
Pues nuestra lavadora es todo lo contrario a mi antiguo coche. Reconozco que me dejé deslumbrar por la marca y las únicas que vinos que todavía tenían ruletas y esas cosas manuales para poner los programas me inspiraban poca confianza. Así que nos llevamos esta, con pocos botones y muchas lucecitas.
Anda que no me acordaba de la antigua lavadora de mi madre cuando estaba intentando meterle mano a la nuestra con el destornillador… ¡no había nada que desatornillar! Le dimos vueltas, por detrás tenía unos tornillos, pero solo dejaban al descubierto el tambor y por el ruido sabía que tenía que ser de la bomba del agua. Quitamos la tapa superior y solo cables y esos chismes. Y lo peor de todo es que por más que la miraba, no encontraba el filtro de la bomba… las lavadoras siempre han tenido un tapón en la parte inferior, ¡pero esta no lo tenía!
Finalmente tuvo que venir la señora a descubrir que toda la pieza se podía quitar empujando y dejaba al descubier el tapón. Gracias a dios… un atisbo de luz. Lo abrí, dejé salir toda el agua y descubrí que había un buen tornillo metido entre las aspas de la bomba.
Dejando a un lado que no debería llevar siempre los bolsillos llenos de tornillos, clavos y todas esas cosas, lo cierto es que los aparatos cada vez son más sofisticados y con una fecha de caducidad más corta. Si me eché las manos a la cabeza fue porque precisamente el otro día unos amigos nuestros habían tenido que llamar a un “tésnico” para que les arreglara la lavadora. Por hacer un resúmen expondré las cantidades:
Arreglo lavadora:
Material: 15 euros
Mano de obra: 106 euros
Total: 121 euros
Realmente es normal que en estas ocasiones uno se pregunte si no le saldría más rentable comprar otro aparato pero, ¿esto es lo lógico? A mi me parece que no. Siempre se ha procurado alargar todo lo posible la vida de los aparatos, arreglar los desperfectos y cuidarlos. Parece un poco demencial invertir media vida en trabajar para invertir el dinero en comprar periódicamente aparatos “que nos hacen falta”. Y esto a nivel de lavadoras pero ¿cuánto se puede uno llegar a gastar en vehículos?
Conclusión: con miedo aguardaremos a que de nuevo se nos encienda el pilotillo rojo de “peligro” en la lavadora. Mientras, a ver si entre todos conseguimos acoplar un molino de viento a un tambor viejo y eso que nos ahorramos. Un abrazo
Ene
14
Ene
8
En esta ocasión os quiero contar algo de historia, os voy a hablar de Egipto. Tradicionalmente el río Nilo ha dado la vida a Egipto, llámese faraónico, fueran paganos, cristianos o musulmanes. Este largo río siempre ha proporcionado al país su riqueza, una vía de transporte extraordinaria y fertilidad. - El proyecto: el lugar
- A tener en cuenta a la hora de comprar un terreno
- El proyecto,… nuestro proyecto
- Los aljibes y la recolección del agua de lluvia
- Nuestras necesidades y el campo
- Entrevista a Alex de Mello
- La educación de nuestros hijos en el campo
“La mayoría de los hombres lleva vidas de tranquila desesperación. Lo que se llama resignación es desperación confirmada. De la ciudad desesperada marcháis al campo desesperado y os consoláis con la valentía de los visones y las ratas almizcleras. Una desesperacion estereotipada, pero inconsciente, se oculta bajo los llamados juegos y diversiones de la humanidad. No hay en ellos el esparcimiento que viene tras el trabajo. Una característica de la sabiduría es no hacer cosas deseperadas.”[...]“La mayoría de los lujos, y muchas de las llamadas comodidades de la vida, no sólo no son indispensables, sino que resultan verdaderos obstáculos para la elevación de la humanidad. Con respecto a los lujos y comodidades, lo más sabios siempre han vivido una vida más sencilla y austera que los pobres. Los antiguos filósofos chinos, hindúes, persas y griegos formaron una clase tan pobre en riquezas exteriores y rica en interiores, como no ha habido otra. [...]“
“En estado salvaje cada familia posee un cobijo tan bueno como el mejor y suficiente para sus necesidades más groseras y elementales; pero creo que tiene sentido decir que, aunque los pájaros tienen sus nidos, los zorros sus madrigueras y los salvajes sus tiendas, en la moderna sociedad civilizada no más de la mitad de las familias posee una casa. En los grandes pueblos y ciudades, donde la civilización prevalece, el número de quienes poseen una casa es una fracción muy pequeña del conjunto. El resto paga un precio anual por esta indumentaria exterior, indispensable en verano e invierno, con la que podría comprarse un poblado de tiendas indias, pero que ahora contribuye a mantenerlo en la pobreza mientras viva. No pretendo insistir aquí en la desventaja del alquiler comparado con la propiedad, pero es evidente que el salvaje posee su casa porque cuesta poco, mientras que el hombre civilizado alquila la suya, por lo general, porque no puede permitirse adquirirla ni puede permitirse, a largo plazo, alquilar una mejor. Se dirá que con el mero pago de esta cantidad el pobre hombre civilizado se asegura una morada que es un palacio comparada con la del salvaje. [...] Pero ¿cómo es que aquel de quien se dice que disfruta de estas cosas es, por lo general, un pobre hombre civilizado, mientras que el salvaje, que no las tiene, es rico como un salvaje? Si se afirma que la civilización es un verdadero avance en la condición del hombre -y yo creo que lo es, aunque sólo el sabio aprovecha sus ventajas-, debe demostrarse que ha producido mejores residencias que no resulten más caras, y el coste de una cosa es la cantidad de lo que llamaré vida que ha de cambiarse por ella, de inmediato o a largo plazo. Una casa en esa vecindad, por término medio, cuesta tal vez ochocientos dólares, y reunir esta suma llevará de diez a quince años de la vida del trabajador, aun sin la carga de una familia -estimando el valor pecuniario del trabajo de cada hombre a un dólar al día, ya que si unos reciben más, otros reciben menos-, de modo que tendrá que pasar, por lo general, más de la mitad de sus vida antes de adquirir su tienda. Si suponemos, en cambio, que paga un alquiler, se tratará sólo de una dudosa elección entre males. ¿Sería sabio el salvaje que cambiara su tienda por un palacio con esas condiciones?”
- ¿Aun podemos vivir “Entre limones”?
- “Vivir en el campo”, según Lorenzo Mediano
- “Mi rincón en la montaña”, un libro para nuestros hijos
- “La conservación de alimentos y productos artesanales”, también de John Seymour
Dic
14
- El proyecto,… nuestro proyecto
- Vivienda modular
- Vivir de lo que no se tiene: hipotecas y préstamos
- En Cantabria se podrá construir en rústico










