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Cita de Roosevelt

Posteado el: Enero 3rd, 2012, por Gamusino

“Haz lo que puedas, con lo que tengas, estés donde estés.”

ROOSEVELT, Theodore

Cita de H. von Stein

Posteado el: Diciembre 5th, 2011, por Gamusino

“Hay que tener aspiraciones elevadas, expectativas moderadas y necesidades pequeñas.”

STEIN, Heinrich von

Un gobierno en funciones no puede aprobar la ley Sinde

Posteado el: Diciembre 2nd, 2011, por Gamusino
Hoy verás este texto en decenas de blogs. Si estás de acuerdo con él, reprodúcelo donde consideres oportuno.


Ante la previsible aprobación de la polémica “Ley Sinde”, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet seguimos manifestando –como hicimos en el Manifiesto de 2 de Diciembre de 2009- nuestra firme oposición a una norma que incluye modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet.
En principio no parece de recibo que un Gobierno en funciones adopte esta decisión en su último o uno de sus últimos Consejos de Ministros. Sería doblemente grave que se confirmaran las presiones ejercidas por EEUU, a través de su embajada en Madrid, como revelaron los cables de Wikileaks.
En todo caso insistimos en estos razonamientos:
1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

“Las escuelas matan la creatividad”, conferencia de ken Robinson

Posteado el: Noviembre 18th, 2011, por Gamusino

La futilidad de la vida y el cambio

Posteado el: Noviembre 10th, 2011, por Gamusino

Hay un hecho 100% comprobado y es que cuando alguien, de repente, se encuentra por un casual bajo un cielo despejado de polución, preferiblemente en un punto alto y alejado de la contaminación lumínica que le pudiera distraer, queda abrumado por la grandiosidad del universo y el vasto número de estrellas. Por un momento es consciente de la futilidad de la vida, de la menudez de nuestro planeta, de los ridículos que son sus pequeños problemas. Pero lo más curioso de todo es que este instante de consciencia cosmológica resulta ser, por lo general, breve y efímero. La falta de reflexión posterior evita cualquier huella que pudiera ir socavando los cimientos de una educación materialista y ridícula que a veces no nos permite ser felices y con lo que realmente importa.

La vida es corta, sí señor, y extraña, difícil, y a veces emocionante y agradable. Esos son los momentos que tenemos que fomentar.

Esos momentos de consciencia suelen aparecer también relacionados con la salud y la muerte. Son momentos difíciles, tanto si se sufren en carne propia como si los sufren nuestros seres queridos. Y también nos hacen replantearnos la vida, nuestro lugar en el Universo, y ese tipo de cosas. Pero la lástima es que haya que esperar a estos momentos de dolor para hacer un análisis de nosotros mismos.

Tengo un amigo amante de la naturaleza y la vida de campo que tiene un cortijo. Por diversas cuestiones le dan un uso de fin de semana, de vacaciones, y mientras tanto viven en la ciudad. Recuerdo haber hablado con él algunas veces instándole a trasladarse allí como vivienda habitual ya que no queda demasiado lejos, pero ellos preferían dejar el cambio para cuando se jubilaran. Ahora él está enfermo y me temo que no podrán pasar allí su jubilación.

¿Es que hay que esperar a una situación complicada para decidirnos por la vida que deseamos? Yo no hipotecaría mi presente a largo plazo por un futuro incierto.

La vida es extraña, muy placentera en ocasiones pero también implacable y extremadamente liberal y… natural. La sociedad actual de bienestar nos permite vivir mejor de lo que nunca lo hizo el hombre, pero también nos puede engañar con un fino velo sobre lo más desagradable pero asimismo real.

Ser conscientes de la realidad nos hace libres y más fuertes, y finalmente felices.

Un abrazo para todos y en especial para mi amigo Michel.

El frío antaño

Posteado el: Octubre 26th, 2011, por Gamusino

Pues a lo que íbamos en el artículo anterior, el frío.  ¿Cómo se combatía el frío antes ? Ya os había comentado que las casas eran, por lo general, bastante frías. Casas antiguas de gruesos muros pero muy susceptibles de coger humedades por su mal aislamiento. Los inviernos, además, parece ser que eran más crudos que los actuales (¿calentamiento del planeta?) y la gente tenía menos posibilidades.

La gente se calentaba de varias maneras. La primera abrigándose todo lo que podían. Pero este era un modo de no perder el calor del cuerpo. Para calentar la casa recurrían a la leña o al carbón.

Cuando nos imaginamos el pasado, evocamos el recuerdo de casas bien cerradas con enormes chimeneas en la cocina y unas buenas lumbres. Y sí… pero no. A ver, esto depende mucho de la zona, en España, por el norte y las zonas boscosas probablemente sí que han podido calentar las casas basándose más en la lumbre. Tenían a su disposición leña en abundancia y resultaba más barato. En las zonas más meridionales, con menos bosques o menos poblados, y en las ciudades era otro cantar. La leña resultaba cara como para calentar la casa. Hoy día la leña tiene un buen precio en gran medida gracias a las podas, por aquí sobre todo de los olivares. La mayoría de las calefacciones funcionan con gasoil y no hay tanta demanda. Pero imaginad hace unos años la demanda que podía haber, la leña resultaba muchas veces cara.
Por otra parte, en las ciudades no había sitio donde guardar tanta leña, había casas vecinales y tampoco tenían sitio para tanta chimenea.
De la mejor leña que podéis encontrar para calentar es la de encina por su poder calorífico y su duración. El olivo es bueno, pero por su alto contenido en aceites quema rápido. El almendro dicen que también está bien pero personalmente no lo he probado. Y por lo que comentan, la madera de higuera da dolor de cabeza.

En estos casos la gente se calentaba con carbón. Hay dos tipos de carbón, el carbón vegetal, que fabricaban los carboneros con la combustión ahogada de madera. Y por otra parte el carbón mineral, la hulla, que al ser más puro daba mucho más calor (más caro) y que es el que se usa actualmente en las centrales térmicas.

Se usaba en estufas de carbón, tipo salamandras y así, pero también mucho en braseros. Para los braseros una solución bastante económica era el picón, un tipo de carbón vegetal hecho con ramas y tal y que por lo tanto resultaba más menudo que el que se hacía con leña más grande,… y que por lo tanto resultaba más barato. ¿Quién no ha visto a su abuela dándole vueltas a brasero con la paleta?

Pero no os vayáis a pensar que esto ponía las casas al rojo vivo, se calentaba la estancia principal, la sala de estar, cocina, o todo en uno, todos se reunían junto a la fuente de calor que hubiera y cuando se iban a la cama les tocaba calentar las sábanas. Si acaso se usaba un brasero de cama, al que se le echaban unas ascuas y que se liaba con trapos para que no las quemara.

Por eso os decía que de bañarse en invierno nada, lo primero es que calentar agua era costoso, y después que cualquiera se bañaba con ese frío. Se hacía uno el lavaíco de los gatos y punto.

¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?

Posteado el: Octubre 26th, 2011, por Gamusino

Como nos gusta la vida rural, lo natural, los oficios tradicionales y encima somos aficionados a la historia, hay gente que nos suele hacer comentarios del tipo “¡pues ya os habríais aburrido en el siglo XIX!”, dejándonos cuanto menos sorprendidos. También los hay que te dicen, “a ver cómos os las habríais apañado sin luz”, con el mismo resultado.

Y claro que nos sorprende, el ritmo frenético de la vida actual deja poco tiempo para la reflexión, es algo que comprobamos día a día, y yo creo que resulta en que la gente para abreviar tiende al blanco o negro, todo o nada. Pues claro que hay cosas de antes que nos gustan más que las de ahora, pero claro que también hay muchas cosas que están mejor hoy día. No se pueden confundir las cosas, yo no elegiría vivir hace tan solo 35 años y menos aún más atrás en el tiempo. No se trata de que cualquier tiempo pasado fuera mejor, pero sí que es cierto que con el paso del tiempo al tiempo que se producen mejoras se producen pérdidas culturales que, por qué no, se pueden reivindicar hoy día para mejorar el futuro, porque a veces lo bueno se encuentra en el término medio.

Yo no me iría al pasado por un motivo muy simple, el frío. Este iba a ser un artículo sobre el frío (casi que ya los hago separados), pero aprovecho para comentaros una cosa. Yo soy friolero, no porque suela tener frío sino porque me afecta mucho, no soporto pasar frío.  Y eso que el cuerpo se adapta mucho a las temperaturas, al clima de tu zona,… pero yo tengo que tener calorcico en mi casa, ir bien abrigado y todo eso. Pues bien, ¿os podéis hacer una idea de lo que era vivir hace tan solo 50 años en cuestión de calefacción? Los más mayores de nuestros lectores lo conoceréis de primera mano pero quizás los más jóvenes no. Cuando hoy entramos al cuarto de baño y nos despelotamos con nuestro calefactor, nos duchamos con el agua como queramos de caliente, salimos y nos secamos sin pasar ni un pelo de frío, ¿os podéis imaginar lo que era darse un baño en el enero de 1940, sin calefacciones, en casas viejas llenas de humedades, sin apenas poder calentar el agua que tenías que traer de la fuente en la mayoría de los casos? Con razón no se bañaban en invierno, pero de todo esto ya os sigo contando en otro artículo.

Si queréis tener más idea de lo que era la vida antes os paso un artículo de La pizarra de Yuri, “El pasado era una mierda”.

Un abrazo

El pasado era una mierda, por Yuri

No es poca la gente –incluso gente muy joven– que sustenta la idea de que existió un tiempo en el pasado donde la gente vivía felizmente, hasta libremente, en una especie de mundo bucólico y sencillo sin las preocupaciones, presiones y condicionantes del presente. Unos pocos (cada vez menos) siguen creyendo que todo tiempo pasado fue mejor, mientras otros consideran que en algún punto de nuestra historia existió una época dorada, un paraíso terrenal estropeado por nosotros mismos, por nuestra codicia, nuestra cerrazón o nuestra maldad. Algunos aprovechan para arrimar el ascua a su sardina política, tratando de asimilar ese periodo arcádico a algún momento del pasado en que sus ideas eran dominantes; la mayoría, se limitan a referirse a él como un modelo ideal hacia donde deberíamos caminar, pero no lo hacemos por ambición, ceguera y orgullo.

Disiento profundamente de todos ellos. Más allá de vanos idealismos, el pasado era un lugar donde ni tú ni yo querríamos permanecer más de una semana, en plan turista temporal, ni por asomo. Ni por broma, vamos. El pasado era un lugar horrible para vivir, un tiempo de mugre, piojos, dolor de muelas, tiranía, superstición, ignorancia, plagas, niños muertos y mamás adolescentes muertas con ellos. El pasado era una mierda.

Vidas breves.

Hasta la llegada de la medicina moderna, la tasa de mortalidad infantil en todo el mundo oscilaba entre el 20% y el 30%, llegando al 40% en épocas de hambruna, guerra o plaga. Estas cifras se mantuvieron así hasta entrado el siglo XX en lugares de orden social tradicional donde la ciencia médica tardó en penetrar. Las causas más frecuentes eran las infecciones otorrinolaringológicas, la difteria, el sarampión, la viruela y la rubéola, con ayuda de la anemia. Me gustaría que reflexionaras un instante sobre esta cifra. Uno de cada cinco niños nacidos vivos no llegaba a la adolescencia en el mejor de los casos, y normalmente uno de cada tres. Esta es una cifra peor que la del peor infierno del Tercer Mundo presente, donde al menos llega algo de penicilina y algunas vacunas de vez en cuando.

Vamos a expresarlo gráficamente. Toma una hoja de papel y escribe en ella los nombres de diez niños que conozcas. Ahora tacha dos. O tres. O hasta cuatro, en un año malo. Ese era el riesgo de nacer hasta aproximadamente la segunda mitad del siglo XIX en el mundo más desarrollado, y mediados del XX en el resto. Un motivo central de la tendencia a tener muchos hijos presente en todas las culturas es que al menos un porcentaje de ellos sobrevivieran para mantenerte cuando fueras viejo, antes de que existieran las pensiones de la Seguridad Social.

Si lograbas sobrevivir a estas tasas de mortalidad infantil, causadas por la poca diversidad y seguridad alimentaria, la falta de higiene y asepsia y la ausencia de antibióticos y vacunas, entonces era posible que llegaras a vivir hasta los 60 o 70 años; incluso, en algunos casos, hasta avanzada edad. Pero si eras chica, tus probabilidades de que tal cosa sucediera sufrían un nuevo hachazo: las probabilidades de morir en el parto oscilaban entre el 1% y el 40%, normalmente de hemorragia, obstrucción o fiebre puerperal, cuando no de aborto casero. Esto es, a partir de los 12 o 13 años, en cuanto llegaba la pubertad, porque eso de empezar a reproducirse con 18 o más años es otra modernez, una excepción en la historia humana que habría hecho mearse de risa a nuestros antepasados. Menudas viejas, dirían.

Hablando de chicas, el pasado fue un mal momento para nacer con una raja entre las piernas. Ya te digo yo que esas idílicas sociedades matriarcales bajo la tutela de la diosa Gaia que pretenden algunas (y algunos) jamás existieron. En las menos patriarcales y machistas de todas, a lo mejor que podías aspirar era a pudrirte a la misma velocidad que tus hermanos, pero además, pariendo hijos. Lo más normal es que fueses alguna clase de propiedad de los hombres de tu familia, en distintos grados de sumisión. No hay ningún indicio de que las amazonas fuesen mucho más que una fantasía erótica de los escritores griegos, inspirada en mujeres guerreras –de eso siempre ha habido en mayor o menor medida–, pero jamás hubo ninguna sociedad amazónica. Y la diosa esa tan enrollada, según donde te pillase, igual esperaba que le sacrificases algún hijo. O hija.

Si sobrevivías a la infancia y no te mataba la guerra o la peste o la fiebre puerperal o cualquier mal aire, es posible que vivieras un buen puñado de años. Cómo los vivirías es otra cuestión.

Piojos, malaria, tos sangrienta y dolor de muelas.

Se oye con frecuencia que la caries es una enfermedad de la civilización, vinculada a las dietas que asumimos cuando inventamos la agricultura y nos sedentarizamos. Es cierto que la agricultura y la sedentarización, aunque dieron lugar a las civilizaciones, fueron una muy mala idea para quienes las padecieron: la esperanza de vida media de 33 años que habíamos gozado cuando éramos nómadas, en el Paleolítico Superior, colapsó a menos de 30, más bien 25 o 28 y a veces 18, como en la Edad del Bronce. Es incluso probable que las poblaciones nómadas tuvieran que ser sometidas y sedentarizadas por la fuerza, como siervos o esclavos agrícolas, a manos de los aspirantes a convertirse en reyes y emperadores. Otros creen que el proceso pudo ser más voluntario, cambiando una mayor seguridad en el suministro alimentario por un empobrecimiento se su variedad y una menor esperanza de vida. Ocurriera como ocurriese, hacinarse en esas marismas insanas que llamamos tierras fértiles empeoró la mortalidad y la calidad de vida de casi todo el mundo, hasta aproximadamente el siglo XX.

Pese a ello, la caries no es estrictamente una enfermedad de la civilización relacionada con esta menor variedad alimentaria de las comunidades sedentarizadas, como se ha dicho muchas veces. Y no lo es porque está presente en numerosos cráneos recuperados de periodos anteriores, como el Paleolítico; incluso se ha encontrado en dientes del neandertal. Sin embargo, su incidencia era mucho menor. La caries, ciertamente, se multiplicó y agravó enormemente durante el Neolítico, con la agricultura y la sedentarización.Y nadie sabía cómo combatirlas, porque para comprender la necesidad de la higiene bucal (en realidad, de cualquier clase de higiene) hay que comprender primero la teoría de los gérmenes. La única posibilidad era arrancar el diente, pero quedarse desdentado en aquellos tiempos tampoco era una idea muy buena, así que muchas veces se retrasaba hasta que dejaba de doler, conduciendo a infecciones maxilares mucho más severas. La historia de la humandidad es una historia de gente desdentada, con constantes dolores de muelas y graves abscesos faciales, a la que el aliento le olía peor que una alcantarilla. Sin analgésicos, ni antibióticos, ni nada parecido a la cirugía dental y maxilofacial contemporánea.

Nómadas o sedentarios, los piojos vienen acompañándonos desde que surgimos, y despiojarse mutuamente ha sido una de las actividades familiares y sociales más corrientes hasta el surgimiento de los actuales tratamientos quimicos. La familia que se despioja unida permanece unida, o algo así. El caso es que hemos vivido siempre comidos por los piojos, al menos en los lugares con pelo abundante; llamamos ladillas a los que se dan en el vello púbico. Para terminar de arreglarlo, la invención de la ropa permitió la evolución y especialización de una tercera clase de estos parásitos, el piojo corporal, que se nos come de cuello a pies. A diferencia de los dos primeros, incapaces de transmitir ninguna enfermedad en particular más que las molestias cutáneas asociadas a su presencia (picor, irritación, con consecuencia de insomnio y debilidad), este último es un vector conocido del tifus, la fiebre de las trincheras y la borreliosis. Las pieles y ropas resultaron ser un gran avance para… las epidemias.

Otra consecuencia perversa de la sedentarización fue el surgimiento de la tuberculosis, en este caso gracias a un bacilo frecuente en la ganadería. Probablemente se trate de la primera enfermedad de que tuvimos consciencia como un estado específico: en Egipto ya tenían hospitales especializados en su tratamiento allá por el 1.500 a.C. Con dudoso éxito, pues parece que tanto el faraón Akenatón como su esposa Nefertiti murieron por causa de la tisis, su nombre tradicional en castellano; si unos emperadores considerados como dioses morían así, puede imaginarse lo que esperaba al pueblo llano. En la India, los brahmanes tenían prohibido casarse con ninguna mujer cuya familia tuviera un historial de tuberculosis, lo que tampoco resultaba muy eficaz. En Europa, el tratamiento más avanzado consistía en una imposición de las manos del rey, con el resultado que cabe suponer. Paracelso, en otra de sus chaladuras –el mérito de Paracelso no está en lo que creó, sino en lo que destruyó: las supercherías aún mayores de su antepasado Galeno, el de las sangrías–, opinaba que la tuberculosis se debía a algún órgano incapaz de cumplir adecuadamente sus funciones alquímicas, ni más ni menos. Durante el siglo XIX, la llamada Peste Blanca se comía a las jovencitas y no pocos jovencitos y no tan jovencitos por millones, dando lugar a uno de los temas más característicos en el Romanticismo. Tuvo que venir Robert Koch a decirnos que se trataba de un microbio, y únicamente entonces fuimos capaces de combatirla.

La malaria es otra vieja compañera, sólo recientemente erradicada en los países desarrollados, vinculada también a las aguas estancadas y sus mosquitos, los campos de cultivo y la sedentarización. En la Roma clásica, la malaria, la tuberculosis, el tifus y la gastroenteritis se ventilaba cada año a unos 30.000 ciudadanos en los meses enfermizos de julio a octubre. Por no mencionar la tiña (foto de la derecha) u otros males comunes (e incurables) en su tiempo, incluyendo, por supuesto, las enfermedades venéreas de la Antigüedad, que ya te puedes imaginar cómo iba el tema.

Las alternativas para nuestros antepasados eran simples. O permanecer como nómadas cazadores-recolectores, atrapados en el primitivismo Paleolítico y cada vez más rechazados y expulsados por las comunidades sedentarizadas, o sumarse a la sedentarización total o parcialmente, convirtiéndose en súbditos, cuando no siervos y esclavos, de las civilizaciones agrícolas y ganaderas en ascenso.

Inseguridad alimentaria.

Por otra parte, ni nómadas ni sedentarizados tenían garantía alguna sobre la seguridad de su comida y su agua. Las comunidades nómadas eran pequeñas y dispersas porque dependían de lo que la tierra quisiera dar, imposibilitadas para evolucionar y desarrollarse. Las comunidades sedentarias no sólo produjeron durante largo tiempo comida abundante pero poco variada y de ínfima calidad, sino que estaban sometidos a toda clase de plagas y putrefacciones. Esas estupendas mazorcas de maíz, ese trigo perfectamente seguro o esa carne con garantías veterinarias son el resultado de generación sobre generación de hibridaciones, cultivo selectivo y progresos en las ciencias agropecuarias y médicas. En el pasado tenían que apañarse con cosas más parecidas al farro, la escaña y la cebada, que son básicamente un asco como alimentos (cuando no lo que ahora llamamos mala hierba), y con carnes y pescados obtenidos y conservados de maneras realmente creativas. En la imagen puedes ver cómo era el trigo antiguo (derecha) en comparación con el moderno (centro e izquierda).

Hoy en día nos quejamos de que a la comida y al agua le echan cosas y de que es todo artificial. Lamentablemente, las alternativas son el cólera, la gastroenteritis, el carbunco (ántrax), la triquinosis, la salmonelosis, la listeriosis, el botulismo, el síndrome de Guillain-Barré, la gangrena gaseosa, la hepatitis, la diarrea mataniños y otras delicias por el estilo que en el pasado constituían una permanente ruleta rusa. Las epidemias de los cultivos y el ganado no sólo los mataban, provocando constantes hambrunas, sino que incluso cuando no los mataban podían contaminarlos de manera invisible para un mundo sin microscopios. Son especialmente curiosos los casos de ergotismo, un hongo de los cereales con efectos muy parecidos al LSD, que además pasa a los bebés mediante la leche materna.

La potabilidad del agua merece párrafo aparte. Antes de que aprendiéramos a separarla de las aguas fecales y echarle cloro y otros productos químicos, beber agua era tan peligroso como una caja de bombas. De hecho, la gente, si podía evitarlo, no bebía agua. Ni tampoco mucha leche, excepto la materna, pues antes de que aprendiéramos a pasteurizarla (por si no te has dado cuenta, pasteurizar viene de Luis Pasteur, el padre de la microbiología moderna) provocaba masivamente tuberculosis bovina, neuropatía inflamatoria desmielinizante, enteritis, carbunco (ántrax) y demás. Así pues, hasta los niños bebían vino, cerveza o aguardientes si podían permitírselo, que no eran mucho más seguros pero un poquito sí, por la presencia de alcohol: el alcohol es un conocido antiséptico.

Por cierto. Para comer mínimamente bien había que ser rico. Pero rico, rico de narices. La comida era muy cara de producir, conservar, transportar y comercializar, y estaba sujeta a numerosos imprevistos. El precio del pan fue una cuestión de estado durante milenios, sabiendo que un aumento excesivo debido a la escasez o la especulación podía ocasionar revueltas y subversión, dado que la gente no tenía mucho más para comer. Libros revolucionarios clásicos como La Conquista del Pan del anarquista Pyotr Kropotkin, o incluso textos como el Lazarillo de Tormes, Rinconete y Cortadillo o el mismo Sancho Panza en el Quijote nos transmiten una idea de lo muy complicado que era alimentarse para la gente de a pie, y la miseria general en que vivían. Con frecuencia, una familia no podía pagarse las calorías necesarias para alimentar a todos sus miembros; hacerlo de forma saludable o al menos variada era una fantasía de aristócratas, arzobispos, reyes y papas. Estar gordo era la moda y el referente estético de belleza y éxito social, porque sólo los muy adinerados y poderosos podían permitírselo; las personas corrientes estaban flacas como espartos por simple desnutrición y exceso de trabajo físico. Estar flaco era cosa de pobres. Ahora son los pobres los que están gordos, al menos en el mundo desarrollado, debido a la mala nutrición pese al exceso de calorías; y los más acomodados pueden permitirse alimentos, cuidados y tratamientos que les permiten… estar delgados.

Mugre, ignorancia, superstición, tiranía.

El pasado era un sitio sucio y maloliente, con ratas y parásitos por todas partes. Donde había alcantarillado, solía estar abierto; sólo los ricos podían pagarse termas, baños y cosas por el estilo. En la mayor parte de lugares, la higiene era un concepto desconocido e innecesario, porque no sabíamos nada de microbios.

Qué demonios. Éramos ignorantes como piedras: una turba vil y analfabeta presa de tiranos, demagogos, clérigos, santones y toda clase de supersticiones. La alfabetización era un secreto gremial de escribas, monjes y sabios; la mayor parte de la gente no sabía leer o escribir ni su propio nombre y no digamos ya cualquier rudimento de cultura general. Los niños no comenzaron a ir a la escuela sistemáticamente hasta mediados del siglo XIX. Hasta los nobles, y a veces los reyes, eran más brutos que sus caballos. El príncipe del cuento era un asno palurdo y brutal. Y el venerable sabio local, un analfabeto desdentado y maloliente, supersticioso y machista hasta el ridículo que se lo pasaba pipa cuando mandaban brujitas guapas a la hoguera. Las brujitas y en general cualquier hembra, por su parte, tenían exactamente las mismas luces que un trozo de carbón en una habitación a oscuras. En cuanto a los niños, no eran más que una boca que alimentar, una carga tratada a palos que ocupaba el último lugar de la casa, frecuentemente por debajo del ganado en el orden social. Eso de protejamos a los niños es otra modernez buenista; en el pasado, nadie habría puesto a un niño por encima de un adulto capaz de ganarse su propio pan. En cuanto a las niñas, si no te violaban de pequeña era sólo por respeto al honor de tu padre, suponiendo que tu padre fuera hombre libre y ya hubiéramos llegado a ese grado de civilización. Si naciste esclavita, o en una sociedad que no hubiera alcanzado ese punto, mejor no te lo cuento.

En un mundo así, toda clase de supercherías, miedos, religiones y tiranías calaban sin más en amplias masas sociales, desprovistas de las más tenues bases intelectuales para desafiarlos. La forma común de gobierno era garrotazo y tentetieso. No existía nada parecido a la justicia; la idea de que tuvieran que juzgarte con un juez imparcial y un abogado defensor bajo el imperio de la ley sólo se extiende al pueblo a partir de los procesos revolucionarios del siglo XVIII. La vendetta y la ordalía eran formas de justicia común, así como castigar hasta los delitos más leves con tormentos infames. Para los partidarios de volver al endurecimiento de las penas, recordaré que hubo un tiempo en que podían desmembrarte en la rueda hasta por robar gallinas, sobre todo si el dueño de la gallina pertenecía a las castas superiores, y nunca dejó de haber ladrones, violadores o asesinos. De hecho, había muchos más que ahora: la miseria, el hambre, la opresión y la incultura propulsaban constantemente a grupos de población hacia la delincuencia, desde el pequeño robo hasta el bandolerismo y la piratería. En realidad, no había justicia ninguna, en el sentido actual del término: sólo la voluntad de los poderosos.

Hay quienes, por absurda idealización, creen que estos mundos del pasado podían ser mejores que el mundo presente. No lo fueron, jamás lo fueron: para la inmensa mayoría de quienes vivieron allí, constituían un infierno sólo aceptable porque no conocían nada mejor y porque creían a machamartillo en paraísos religiosos. Pero si a cualquier padre o madre del 300.000 a.C., del 30.000 a.C., del 3.000 a.C., del 300 a.C., del 300 d.C., y hasta del 1.900 d.C., le hubiesen dicho que llegaría un tiempo en que podría llevar a su hijo enfermo a un hospital con médicos científicos, antibióticos, TACs, analgésicos, de todo, y que luego se lo podría llevar curado a casa para bañarlo con agua calentita que sale de un grifo a precio ridículo –sí, ridículo: la leña y el carbón costaban el sueldo de un mes–, meterlo en una cama sin piojos, chinches o pulgas y darle de comer toda clase de alimentos y agua que no lo pone más enfermo… si hubiera podido comprenderlo, si hubiera podido vislumbrarlo, habría pensado que éste debía ser el paraíso de los dioses benevolentes prometido en sus profecías. Y desde luego habría firmado cualquier cosa con tal de estar aquí, no allí. Aunque no podía. No sabía firmar.

Pese al fatalismo de los pesimistas, la humanidad ha demostrado constantemente su capacidad de mejorar, de evolucionar, de progresar hacia un futuro mejor. Para ello tuvimos que deshacernos de un montón de rémoras del pasado, estudiar profundamente y transformar la realidad de maneras radicales, a veces pacíficas y a veces violentas. Y tendremos que seguir haciéndolo si queremos ir aún a mejor. En todo caso, mereció la pena y sigue mereciendo la pena. Puestos a malas, yo prefiero morir con morfina en el más infame hospital de nuestro tiempo que sin morfina en cualquier palacio de aquella Arcadia infeliz. ¿Y tú?

De aprendices y maestros

Posteado el: Octubre 18th, 2011, por Gamusino

Hay un refrán que dice “aprendiz de todo… maestro de nada”, que va muy en consonancia con la filosofía actual de la eterna especialización. Un profesor nos dijo una vez en clase que nuestro futuro pasaba por dejarse de la “formación horizontal” y había que buscar una “formación vertical”. Con esto quería decir que había que buscar siempre estudios superiores sobre lo que estuviéramos haciendo y no diversificar nuestros conocimientos con estudios del mismo “valor” sobre temas distintos.

Pues bien, puede que sea cierto, hoy día se tiende a la especialización, tan especializados estamos que una persona solo sabe moverse en su pequeña parcela de conocimiento y se encuentra perdida fuera. Puede que en este mundo sea lo razonable pero para alguien que busca la autosuficiencia resulta ser todo lo contrario.

Los sabios de la Edad Moderna (no hace falta irse muy atrás) eran sabios universales, su conocimiento abarcaba prácticamente todas las materias que se conocían en el momento, desde el arte a la física y la filosofía. Y eran maestros. Pero el volumen de los conocimientos aumenta día a día exponencialmente y ya nadie sería capaz de abarcar un abanico tan amplio.

Personalmente creo que cada cual sabe cuáles son sus puntos fuertes y hay que potenciarlos para ser un maestro en la materia, pero para quien busca un tipo de vida como la nuestra no está de más saber un poco de todo, para poder desenvolverse con soltura en la vida.

No me voy a vanagloriar de ser maestro de nada, pero sí que puedo decir que día a día voy aprendiendo de muchas cosas y que si tengo la necesidad de hacer algo y no se, me resulta un reto emocionante aprender sobre el tema para poder solucionarlo yo mismo. No tengáis miedo a aprender. Un abrazo.

Preparados para el invierno: la chimenea

Posteado el: Octubre 4th, 2011, por Gamusino

El otoño ha comenzado y ya se van notando sus efectos,… las tardes van siendo más cortas, las sierras van cogiendo un color dorado y se nota más fresquito por las mañanas. Qué queréis que os diga, con todo esto cada vez me van dando más ganas de encender la chimenea y disfrutar de la casa.

Llevamos casi dos años trabajando ininterrumpidamente en nuestra vivienda. Por suerte ya estamos instalados cómodamente, cada vez estaremos mejor pero el cambio en unos meses ha sido espectacular. Hemos aprovechado mucho la primavera y el verano rematando cosas y preparándonos para el invierno, el largo invierno. Lo último está siendo un porche en el patio del que me queda ya tan solo impermeabilizarlo, que nos será muy útil para guardar la leña, tender la ropa y poder dar uso al patio también en invierno.

Ya os comenté que iba a tener poco tiempo este invierno, como nuestra idea es ser independientes económica y laboralmente (que no es lo mismo) vamos dando pasos para conseguirlo, y entre ellos está formarse en determinados aspectos que nos serán imprescindibles. A ello voy a dedicar las tardes este año, robándoselas a otras cosas… entre ellas la obra.

Pero estoy contento, tras tantos meses de obra viene bien un descanso, haré algunas arreglos menores los fines de semana pero los dedicaré más bien a disfrutar. Así que, llegados a este punto, lo que sí puedo hacer es enseñaros lo que hemos ido haciendo durante este tiempo.

Hoy os quiero enseñar la chimenea. Esta no es la chimenea original, resulta que este año me he hecho experto en chimeneas, en unos meses he hecho dos… y las dos para nuestra casa. La primera la hice hace un año, era algo fundamental en nuestra casa. La hice de ladrillo y luego la enyesamos… pero no dio buen resultado. Y no porque echara humo porque lo que es el hogar, la cámara de humos y tal es de chapa. Pero la chapa dilató y reventó la campana dejando unas feas grietas que por mucho que las tapara volvían a salir. Tampoco era de nuestro estilo, la verdad.

Así que en agosto me animé, cogí la maza una tarde y la tiré… todo el salón se llenó de polvo y cascotes, es increíble el escombro que sale con cualquier cosa. Como ya estoy asumiendo, cuando vas aprendiendo a medida que haces las cosas, muchas veces las tienes que hacer dobles, una para aprender y otra para dejarlas bien.

La nueva chimenea sigue teniendo el hogar de chapa, con su regulador de tiro y su cajón para la ceniza que nos tiene muy contentos. Pero esta vez es de piedra… ¿os acordáis de que se me cayó parte del muro de piedra seca del huerto? Pues sigue caído. La viga de madera está tan solo descortezada y tratada con un barniz tinte. Suponemos que expulsará algo de resina con el calor, pero ya se la iremos quitando. Y en la parte superior he puesto una pieza de cerámica con agujeros para que salga el calor que desprende el tubo de chapa, por dentro está hueca, coge aire por los huecos inferiores, lo calienta y por eso mismo sale por arriba.

Ya aproveché también para hacer unas leñeras de ladrillo. Me han quedado bien rústicas (es todo rústico en su conjunto) pero quedan bien. Para ello hice una cimbra de madera y la usé para colocar los ladrillos. Cuando pasaba un día o dos la quitaba y la usaba para el siguiente arco. El siguiente paso será, cuando podamos, poner unas puertas encima y usar todo ese espacio de mueble.

Y por el momento eso es todo, poco a poco iré haciendo fotos y enseñando cosillas. Sólo os quería decir una cosa que creo que os puede animar en estos tiempos de crisis. El dinero, las propiedades, el trabajo os lo puede quitar un golpe del destino (o de la banca, o de los mercados…) pero la capacidad de crear, arreglar y mejorar uno mismo las cosas con sus propias manos no os la puede quitar nadie, y mal que bien siempre os permitirá vivir. Quien tiene un poco de huerto, es “apañao” y no tiene grandes espectativas económicas ni sociales tiene un mundo ganado. Podrán decir que no sois ambiciosos, ¿pero qué mayor ambición que la de ser feliz con cosas sencillas?. Un abrazo.

Huerto y jardín a cambio de manutención

Posteado el: Julio 31st, 2011, por Gamusino

Os quiero destacar la propuesta que hace Francisco, un amigo del foro, para todos vosotros porque creo que a más de uno le interesará.

Hola .

Soy un hombre maduro que vive en el campo (andalucia oriental) desde hace 10 años , aunque mi actividad profesional no está relacionada con el mundo agricola , estoy buscando a una persona que me ayude hacer un pequeño huerto colidante , incluso que pueda llevar un jardin de 600 metros cuadrados . No puedo pagar un sueldo , le ofrezco manutención y vivir en la casa sin ningún tipo de gastos .

Atentamente.
Francisco.

Bueno, pues ya nos contáis a ver si alguien se anima… por cierto, Francisco, ¿por qué no nos cuentas un poco más de tu vida? Nosotros también vivimos en Andalucía oriental, lo mismo hasta vivimos cerca.

Un abrazo