Proyecto: Vivir en el Campo

La cigarra y la hormiga

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Todos conocemos la famosa fábula de la cigarra y la hormiga, de Samaniego. La cigarra era despreocupada y se ocupaba tan solo de vivir feliz, representación máxima del carpe diem. La hormiga, por su parte, se afanaba durante todo el verano trabajando duramente para tener provisiones durante el invierno. La cigarra se reía alegremente por la obstinación de la hormiga que, extremadamente responsable, no veía las bondades del calor y el buen tiempo. Sin embargo, cuando llegó el invierno, la cigarra se vio sin casa, sin comida y sin nada con lo que protegerse del frío y la lluvia.
Samaniego quería instruir a nuestros infantes sobre los intrincados vericuetos de la vida. Hay momentos de prosperidad y momentos de escasez, y hay que aprovechar los primeros para tener reservas por si vienen los segundos. Esto mismo pasaba ya en la Biblia, con la historia de José el egipcio y los 7 años de bonanza para después encontrar los 7 de escasez. Podríamos citar ejemplos a montones, sobre todo si echamos mano de los refranes. Hay uno que dice “día de mucho, víspera de nada”, y es que tanto lo bueno como lo malo suele pasar con el tiempo.

Todo este rollo venía a que el campo es un poco así. Fuera de cosechas buenas o malas, que son cíclicas y dependen de muchos factores, hay una cosa evidente: durante el verano y otoño el campo es todo abundancia pero el invierno es más escaso en frutos.

Esto hay que tenerlo en cuenta cuando pensamos en autoabastecernos, al menos de productos alimenticios. En verano nuestra huerta florecerá con montones de tomates, pepinos, calabazas, lechugas, zanahorias, alcachofas… pero todo esto acabará, y en invierno, depende la zona, solo podremos plantar patatas, alguna lechuga de invierno, ajos, cebollas,… vamos, nuestras ensaladas tendrán que variar.

Pero es normal, no podemos pensar que la situación actual de tomates en marzo en nuestro supermercado es normal, ni de melones durante todo el año. Podremos intentar reproducir algunas plantas antes de tiempo protegiéndolas en invernaderos, pero tampoco es recomendable romper la cadena natural pues nos encontraremos con frutos insípidos y con pocos nutrientes.

Lo adecuado es consumir los productos de temporada y conservar lo que podamos. Es por ello que a partir de ahora procuraré introducir también artículos de conservación de alimentos, que siempre resulta útil. Además, hay quien piensa que la conservación es sólo hacer mermelada con las manzanas que nos quedaron, pero se puede comer un tomate conservado al natural y con el sabor original del verano.

Por cierto, como en el caso de la cigarra, si un año no somos previsores siempre habrá alguna hormiga que nos ayude. Un abrazo.

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2 Comentarios

  1. Efectivamente una gran sabia fábula adaptable prácticamente a casi todos los ámbitos de la vida. Por cierto no tiene nada que ver el sabor de los productos de invernaderos que los de huerta.

    saludos

  2. Pero nada, eh, yo lo noto sobre todo en los tomates, como compres tomates en invierno te estás comiendo algo rojo pero totalmente insípido. En fin… hay creo que hay que ser un poco cigarra y un poco hormiga, tampoco hay que abusar 😉 un abrazo

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