Proyecto: Vivir en el Campo

Cuando vi LA LUZ, ¡al Campo!

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Muy buenas mis queridos lectores. Os escribo desde el arrepentimiento más absoluto por la dejadez en la que os tengo desde hace unos días. En verdad os digo que no ha sido culpa mía sino de mi trabajo. En fin, pelillos a la mar y vayamos a lo que importa.

En estos días he decidido convencer a los indecisos, a los asiduos a este blog y a los visitantes ocasionales que serán captados como si de una secta me tratara, oh yeah!. Vengo con nuevas fuerzas, con renovado convencimiento en nuestro proyecto y en la posibilidad de ser llevado a cabo por todos y cada uno de nosotros. No voy a hacer de predicador de pacotilla, no tengo tal sex appeal, pero intentaré dar en primer lugar testimonio de cómo llegó a mi LA LUZ un día de noviembre de hace tres años.

Iba yo por una gran avenida de mi urbe a eso de las 22:00 horas, un día entre semana. Debo decir que era una zona construida en los años 70 con ese exquisito gusto por los bloques de pisos. Había pintadas en las paredes y restos de carteles de conciertos, corridas de toros y creo que incluso de políticos. Coches aparcados por todas partes, cada vez menos gente transitando las aceras y los camiones de la basura recogiendo todos nuestros desechos, la mayoría sin reciclar. La luz de las farolas era blanca. Quizás esto no os diga nada, pero la luz blanca me parece fría y tétrica incluso, más aún en un ambiente como aquel.

No era la primera vez ni mucho menos que pasaba por allí. Puede que os sorprenda que os diga que cada vez que pasaba por la noche por aquella avenida (también por otras pero sobre todo por allí) me invadía una gran angustia y desazón, se me hacía un nudo en el pecho e incluso me daban ganas de llorar (que yo me aguantaba como buen machote). Realmente evitaba pasar por allí de noche de lo mal que me sentía. Creo que el término que lo puede definir es angustia vital, una sensación de desconsuelo tal que me hacía sentirme perdido, que no estaba viviendo la vida que debería, que aquel no era mi lugar y que no debería morir en un sitio así.

Os deberé parecer trágico en exceso pero es realmente como me sentía. Creo que en el fondo tenía la sensación de que la ciudad y nuestra sociedad era tal y como la veía yo a esas horas, sin maquillaje ni tapaderas de ningún tipo. Con carteles luminosos, publicidad y podredumbre en cada esquina.

Aquella noche pasé por la avenida con el coche. En los semáforos comencé a meditar seriamente sobre esta extraña sensación, cual podría ser el motivo y cual la solución. Como me resultaba difícil averiguar el motivo (desde nuestra perspectiva actual parece muy obvio, pero entonces no lo era, eh) decidí buscar una solución. Comencé a pensar en momentos de paz y sosiego, de plenitud. Había disfrutado mucho de los paisajes urbanos de monumentos, parques,… pero lo cierto es que en ningún sitio me había sentido tan lleno como en el campo, sentado en una piedra contemplando las montañas o escuchando los pájaros junto a un río, robando cerezas en un huerto (lo siento mucho, las devolveré, lo prometo). Comparando todo aquello con esta gran avenida la encontré inhóspita y desagradable. La encontré insalubre y artificial, como las jaulas de una explotación avícola.

Sin darme cuenta había encontrado al mismo tiempo la causa y la solución. Reitero, todo esto puede parecer muy obvio viendo la temática de este blog, estando dentro del tema… pero para alguien más o menos conocedor del campo pero auténtico bohemio convencido de vivir en la ciudad y llevar una vida de díscolo cultural no lo era tanto. Poco a poco fui leyendo, aprendiendo y viendo la vida rural desde otro punto de vista hasta evolucionar a lo que soy hoy, el pesao del terruño.

Ya os iré convenciendo más mis tiernos corderos. Lo que sí es cierto es que cada cual tiene que encontrar LA LUZ a su manera, para un proyecto vital de estas características hay que estar totalmente convencido y ser consciente de ello, que no es poco, oh yeah!. Un abrazo.

PD- Hoy día sigo pasando por la dichosa avenida… pero ahora se por qué no me gusta y que pronto la cambiaremos por el campo.

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5 Comentarios

  1. Graaaaaaacias!

  2. Sé qué sensación es esa, me pasa no sólo con una avenida, me pasa con todo mi entorno. Y cierro los ojos y me veo en el valle del Jerte (mi padre es de la zona), sentada en los “canchos” con unas cerezas (que yo no pienso devolver, jeje) y me entra el desasosiego de no tener los huevos suficientes para mandarlo todo a la mierda e irme a vivir al campo.

    Pero sé que esto que me pasa realmente me servirá para terminar un día con todo y salir de Madrid de una vez por todas. Sólo espero que no sea demasiado tarde.

    Una de besos!

  3. No, si al menos tenemos la esperanza de que al campo iremos todos… aunque sea al santo 😛

  4. Llevo dos días aplanándome el culo en la silla, enganchado a tu proyecto; supongo que el estar convaleciente de una operación me está ayudando…
    Solo decirte que has hecho que me ponga a hilar las distintas ideas que han cruzado mi cabeza en diversas ocasiones… además, ahora las estoy compartiendo con mi pareja a la cual estoy ilusionando, no sé si demasiado…
    En fin, solo era eso. Ya sé que hubiese sido más lógico comentar en el hilo más reciente, pero me lo he cogido a la inversa, empezando en febrero de 2009, y aún voy por aquí.
    Un saludo.

  5. acebuche, dos días mas tarde paso yo , haciendo lo mismo que tu, un recorrido por todo el blog y este proyecto.

    A mi ese desazón y esta angustia, me pasa a casi todas horas, menos cuando voy fuera de mi ciudad, me pasa en mi piso, donde tengo que abrir todas las ventanas para sentir que no estoy aprisionado en un bloque de hormigón.

    Donde mejor lo paso es en la huerta que tengo en las afueras, donde planto y recojo hortalizas… tengo ganas de irme de pinchar el botón inicio del ordenador y apagar por siempre esta época de tanta tecnología y soledades.

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