Proyecto: Vivir en el Campo

El lago Walden, un ejemplo práctico de Thoreau

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Hace no mucho alguien se puso en contacto conmigo mediante correo electrónico o comentarios en el blog y me hizo mención a Thoreau. Con franqueza os diré que solo lo conocía de oídas, Henry David Thoreau, un americano de la primera mitad del siglo XIX con ideas muy similares a las nuestras, al menos en algunos aspectos. Pero para resarcirme de mi ignorancia rebusqué un poco en la wikipedia, me descargué “Desobediencia civil” y me di cuenta de que fue una personalidad muy interesante.
Poco después busqué su libro “Walden” que estoy leyendo en la actualidad. En este libro Thoreau nos va contando en primera persona sus vivencias de dos años en el campo, en una cabaña de troncos que se hizo él mismo junto al lago Walden. Pero no puedo abstenerme de sacaros unos estractos de su introducción que parecen de una gran lucidez.
“La mayoría de los hombres lleva vidas de tranquila desesperación. Lo que se llama resignación es desperación confirmada. De la ciudad desesperada marcháis al campo desesperado y os consoláis con la valentía de los visones y las ratas almizcleras. Una desesperacion estereotipada, pero inconsciente, se oculta bajo los llamados juegos y diversiones de la humanidad. No hay en ellos el esparcimiento que viene tras el trabajo. Una característica de la sabiduría es no hacer cosas deseperadas.”
[…]
“La mayoría de los lujos, y muchas de las llamadas comodidades de la vida, no sólo no son indispensables, sino que resultan verdaderos obstáculos para la elevación de la humanidad. Con respecto a los lujos y comodidades, lo más sabios siempre han vivido una vida más sencilla y austera que los pobres. Los antiguos filósofos chinos, hindúes, persas y griegos formaron una clase tan pobre en riquezas exteriores y rica en interiores, como no ha habido otra. […]”
Y para terminar, os dejo otro estracto muy lúcido:
“En estado salvaje cada familia posee un cobijo tan bueno como el mejor y suficiente para sus necesidades más groseras y elementales; pero creo que tiene sentido decir que, aunque los pájaros tienen sus nidos, los zorros sus madrigueras y los salvajes sus tiendas, en la moderna sociedad civilizada no más de la mitad de las familias posee una casa. En los grandes pueblos y ciudades, donde la civilización prevalece, el número de quienes poseen una casa es una fracción muy pequeña del conjunto. El resto paga un precio anual por esta indumentaria exterior, indispensable en verano e invierno, con la que podría comprarse un poblado de tiendas indias, pero que ahora contribuye a mantenerlo en la pobreza mientras viva. No pretendo insistir aquí en la desventaja del alquiler comparado con la propiedad, pero es evidente que el salvaje posee su casa porque cuesta poco, mientras que el hombre civilizado alquila la suya, por lo general, porque no puede permitirse adquirirla ni puede permitirse, a largo plazo, alquilar una mejor. Se dirá que con el mero pago de esta cantidad el pobre hombre civilizado se asegura una morada que es un palacio comparada con la del salvaje. […] Pero ¿cómo es que aquel de quien se dice que disfruta de estas cosas es, por lo general, un pobre hombre civilizado, mientras que el salvaje, que no las tiene, es rico como un salvaje? Si se afirma que la civilización es un verdadero avance en la condición del hombre -y yo creo que lo es, aunque sólo el sabio aprovecha sus ventajas-, debe demostrarse que ha producido mejores residencias que no resulten más caras, y el coste de una cosa es la cantidad de lo que llamaré vida que ha de cambiarse por ella, de inmediato o a largo plazo. Una casa en esa vecindad, por término medio, cuesta tal vez ochocientos dólares, y reunir esta suma llevará de diez a quince años de la vida del trabajador, aun sin la carga de una familia -estimando el valor pecuniario del trabajo de cada hombre a un dólar al día, ya que si unos reciben más, otros reciben menos-, de modo que tendrá que pasar, por lo general, más de la mitad de sus vida antes de adquirir su tienda. Si suponemos, en cambio, que paga un alquiler, se tratará sólo de una dudosa elección entre males. ¿Sería sabio el salvaje que cambiara su tienda por un palacio con esas condiciones?”
Por lo visto hay temas que no dejan de ser actuales… por siglos que pasen. Os he soltado un poco el rollo pero quería compartir con vosotros algunos párrafos que me parecieron de interés. Conforme vaya avanzando os sacaré más estractos interesantes, porque lo cierto es que no tiene desperdicio. Un abrazo
………………….
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3 Comentarios

  1. Hola Gamusino, me ha alegrao leer esto, sigue asi. Toda la vida oyes cosas, y de vez en cuando alguna coincide con lo que has pensado para tus adentros en tus ratos libres. Con este texto me ha pasado esto. Mi interior siente que la felicidad está en desear cuánto menos mejor, solo lo necesario. Lo contrario es ansiedad. No es fácil llegar a querer menos ya que es lo que hemos mamado desde pequeños en esta sociedad : felicidad=tener. Y cada vez quieres mas y mas (luego + ansiedad cada vez). Por otro lado, el alquiler y la compra estan imposibles aqui y en Europa. Cuando por la tele salen ideas alternativas de vivir me gusta…ya sea repoblamientos de pueblos abandonados o casas muy baratas hechas con tanques portuarios, etc. Algunas opciones las verás con +/- agrado o posibilidades que otras, pero al menos has dado rienda suelta a la ilusion por un rato, y quién sabe lo que puede pasar un día… Un saludo para los demás lectores.

  2. Muchas gracias Agustí por tu comentario, saber que os ayudo a algunos con mis aportaciones me anima a seguir haciéndolas. Verdaderamente es increíble ver que hace tantos años las cosas estaban más o menos igual en muchos aspectos y … seguimos así. Con empeño y algo de valentía verás como consigues todos tus proyectos. Un abrazo

  3. Hola Gamusino, he entrado de casualidad en este blog tratando de averiguar algo sobre el libro: Mi rincón en la montaña, y me he encontrado con el artículo sobre Thoreau, es una maravilla, incluso influyó mucho en Tolstói, yo tengo una pequeña librería, por eso he venido a parar acá, y asímismo sueño con vivir en el campo algún día. Voy a visitar el blog más seguido.
    Un abrazo.
    Karina.

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