Proyecto: Vivir en el Campo

La teoría de los balcones o “el balconismo”

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Quienes me seguís habitualmente creo que ya me iréis conociendo, inconscientemente voy haciendo teorías de autoconsumo sobre muchas de las cosas que me rodean. Normalmente no salen a la luz, como mucho de mi casa pues no creo que tengan demasiado interés para nadie.

Este caso es diferente, creo que os puede resultar curiosa mi teoría así que la quiero compartir con vosotros.

Iba yo ayer alegremente, habida cuenta de que era viernes, por una calle cuando vi a una señora mayor regando las macetas de su balcón con una regadera. Era muy muy mayor, de hecho creo que incluso ese edificio era una residencia, pero el caso es que tenía su pequeño balcón atestado de macetas, colgaban ramas verdes y flores por todas partes. Lo que me extraña es que no le hayan llamado la atención por si cae alguna a la calle.

Aquel panorama me llevó a reflexionar sobre la afición de tanta gente, en concreto muchas abuelas, con las macetas. Hay muchas personas que se disfrutan cuidando plantas en sus hogares, se esmeran en que crezcan, que luzcan sanas y hermosas y que echen flores.

A estas alturas ya sabréis de qué va el tema, pienso que el “movimiento balconista” responde a un anhelo de contacto con la naturaleza, a guardar en pequeños tiestos algo de bosque, de jardín o de huerto e intentar reproducirlo a pequeña escala en los pisos. Muchos dicen que les alegra la vista el verdor de una maceta y eso es porque encuentran reconfortante este sustitutivo. En la gente mayor probablemente este instinto sea mucho más fuerte, habida cuenta que deben haber tenido más contacto con la naturaleza en su infancia y juventud.

Por eso ayer, cuando vi a aquella señora mayor en su balcón, un balcón por otra parte sombrío pues era una calle estrecha de altos edificios, sentí una profunda tristeza y lástima. Quién sabe qué circunstancias pudiera haber pasado en su vida para no vivir en el campo, quizás fuera ella misma quien lo decidiera, pero lo que es cierto es que la “cabra tira al monte”.

Y os quiero dar testimonio personal de esta teoría. Nosotros vivimos un año en un pequeño piso en el centro de una ciudad, era pequeño a más no poder y tenía un pequeño balcón de aproximadamente 1,2 por 0,5 m. o así. No os podéis imaginar lo que dio de sí aquel minúsculo balcón, pero era nuestra alegría poder tener algo de verde en nuestro hogar.

Un abrazo.

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2 Comentarios

  1. Gracias gracias 😛

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