Proyecto: Vivir en el Campo

Ivan Illich y la energía

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Para hacer un alto en el camino, que viene al pelo, y seguir avanzando en artículos siguientes en nuestro estudio de apicultura, hoy os quiero traer un nuevo personaje y una de sus obras.

Ivan Illich fue un austriaco nacido en 1926, una persona consagrada al estudio y con una gran capacidad de abstracción. No quiero entrar en su vida porque lo que nos interesa es lo que dejó, pero es interesante que sepáis que estudió filosofía y teología, pero también cristalografía con lo que fue un hombre de ciencias y letras.

Fue muy crítico con la sociedad de su tiempo y con su política, y escribió muchos libros sobre esta temática. No creía en la escolarización de los niños y las enseñanzas regladas, en contra pensaba que la gente debía aprender a través de la socialización. Escribió un libro bastante sonado sobre el tema, La sociedad desescolarizada.

Pero del tema que os quiero hablar hoy es de la energía y el transporte concretamente. Siempre he pensado que una de los mayores problemas de nuestra sociedad, y uno de mis argumentos contra la ciudad, es el coche. El coche puede tener mucha utilidad y grandes beneficios, pero en el momento en que uno se puede desplazar con esa facilidad, también se facilitan las ciudades dormitorio, las grandes distancias diarias para ir a trabajar, el consumo desorbitado de gasolina, contaminación, el tiempo de nuestra vida perdido al volante,… y leyendo el libro “Energía y equidad” de Ivan Illich me he sentido muy identificado.

A continuación os dejo un estracto en el que habla de la contaminación, de lo que el transporte en vehículo significa para el planeta pero también para nosotros mismos:

Para transportar a un sólo hombre en un Volkswagen, sobre una distancia de 500 km, se queman los mismos 175 kg de oxígeno que un individuo respira en todo un año. Las plantas y las algas reproducen suficiente oxígeno para los tres mil millones de hombres que existen. Pero no pueden reproducirlo para un mundo automovilizado, cuyos vehículos queman cada uno por lo menos catorce veces más oxígeno del que quema un individuo. Los métodos usados para producir energía no sólo son caros-y por tanto son recursos escasos-, sino igualmente destructores, al punto de engendrar su propia escasez. Los esfuerzos de los últimos decenios se han orientado a producir más petróleo, a refinarlo mejor y a controlar su distribución. El énfasis ahora se va trasladando hacia la investigación para encontrar fuentes de energía abundante y limpia y motores comparables en potencia a los presentes, que sean más rentables y menos venenosos. Se olvida que automóviles que no envenenen el ambiente, ni en su manufactura ni en su marcha, costarían un múltiplo de los que ahora tenemos. La promoción de la técnica limpia casi siempre constituye la promoción de un medio de lujo para producir bienes de primera necesidad.

Pero no es oro todo lo que reluce en la energía limpia, a nivel social también nos afecta su consumo:

Aún si se lograra producir una energía no contaminante y producirla en cantidad, el uso masivo de energía siempre tendrá sobre el cuerpo social el mismo efecto que la intoxicación por una droga físicamente inofensiva, pero psíquicamente esclavizante.

Tanto los pobres como los ricos deberán superar la ilusión de que MÁS energía es MEJOR.

¿Realmente tardamos menos con el coche? Ivan Illich dice que tardaríamos lo mismo pero disfrutaríamos más si nos desplazáramos andando:

El americano típico consagra más de 1 600 horas por año a su automóvil: sentado dentro de él, en marcha o parado, trabajando para pagarlo, para pagar la gasolina, las llantas, los peajes, el seguro, las infracciones y los impuestos para las carreteras federales y los estacionamientos comunales. Le consagra cuatro horas al día en las que se sirve de él, se ocupa de él o trabaja para él. Aquí no se han tomado en cuenta todas sus actividades orientadas por el transporte: el tiempo que consume en el hospital, en el tribunal y en el taller mecánico; el tiempo pasado ante la televisión viendo publicidad automovilística, el tiempo invertido en ganar dinero para viajar en avión o en tren. Sin duda, con estas actividades hace marchar la economía, procura trabajo a sus compañeros, ingresos a los jeques de Arabia y justificación a Nixon para su guerra en Asia. Pero si nos preguntamos de qué manera estas 1 600 horas, que son una estimación mínima, contribuyen a su circulación, la situación se ve diferente. Estas 1 600 horas le sirven para hacer unos 10 000 km de camino, o sea 6 km en una hora. Es exactamente lo mismo que alcazan los hombres en los países que no tienen industria del transporte. Pero, mientras el norteamericano consagra a la circulación una cuarta parte del tiempo social disponible, en las sociedades no motorizadas se destina a este fin entre el 3 y 8 por ciento del tiempo social. Lo que diferencia la circulación en un país rico y en un país pobre no es una mayor eficacia, sino la obligación de consumir en dosis altas las energías condicionadas por la industria del transporte.

Era un tipo con ideas propias, también pensaba que la sanidad tal y como se entiende hoy día, sirve para controlar socialmente a las masas, que la mayor parte de los problemas de salud comunes se podrían tratar por uno mismo. De hecho estas ideas las pudo poner en práctica en sí mismo. En los años 80 se le diagnosticó un cáncer en la cara y le daban unos meses de vida. Decidió rechazar la medicina moderna y tratarse a sí mismo mediante medicina natural y yoga. Con estas medidas consiguió estabilizar su problema y vivir aún otros 20 años, hasta que falleció en 2003, a la edad de 77 años.

Aquí os dejo el libro para que lo descarguéis: “Energía y equidad”, de Ivan Illich.

Un abrazo.


4 Comentarios

  1. Eran mentes adelantadas a su época, desprovistas de toda manipulación política o económica y con un afán puramente social.
    Es ahora cuando entendemos el verdadero significado de sus enseñanzas: cuando nos vemos inmersos en un mundo insostenible.

    Gracias por el libro y por dar a conocer a este gran pensador.

  2. Muy buena entrada, Gamusino. Gracias por el libro.

  3. Me alegra de que os haya gustado. Uno a veces piensa que sus ideas son novedosas, que cómo la gente no se había percatado de “x” cosa antes, y resulta ser un gran engreimiento por nuestra parte causado por nuestra ignorancia. Ha habido mucha gente antes que nosotros con nuestras inquietudes, lo que pensamos se ha pensado ya antes y probablemente de un modo mucho más acertado. Aquí tenemos el ejemplo de Ivan Illich. Un abrazo

  4. Muy bueno. Lo he colgado también en mi blog. Y bueno, que otros hayan pensado antes cosas parecidas no quita ningún valor. Muchas gracias!

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