Proyecto: Vivir en el Campo

La pecorea

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Poco a poco vamos aprendiendo más sobre las abejas y su mundo, un mundo sumamente complejo con una organización social cuanto menos curiosa.

Hoy os quiero hablar de la pecorea, en el anterior artículo ya hablamos de que las obreras veteranas eran las encargadas de esta labor.

La RAE (Real Academia Española) define así pecorear: Dicho de las abejas, salir a recoger el néctar de las flores. Sin embargo, en una acepción más amplia del término se considera pecorear como el trabajo de campo de las abejas, recogiendo néctar pero también otros productos como puede ser el polen.

Pero comencemos hablando del néctar. La reproducción de las plantas con flores (hablo a nivel general, por favor, que no me coman los biólogos) se basa en gran medida en la acción polinizadora de ciertos insectos, el principal de ellos la abeja. Por ello segregan el néctar, un líquido dulce que los atrae y que se encuentra en el fondo de la flor. Para llegar al néctar los insectos tienen que pasar por los estambres y se llevan polen en sus cuerpos, que van repartiendo por otras flores, en definitiva, polinizando. Es una actividad beneficiosa tanto para la planta como para el insecto.

Las abejas liban las flores con su lengua o trompa, con la que la succionan. Dependiendo del tipo de abeja tendrán la lengua más o menos larga, cuestión de un milímetro puede condicionar que determinadas flores sean o no libadas por la abeja, con lo que afecta a su efectividad. El néctar es almacenado en un buche que les sirve para transportarlo hasta la colmena. En él, se va mezclando con ciertas enzimas que las abejas producen y que transforman el néctar. Al llegar a la colmena, se pasan unas a otras la mercancía, añadiéndole más secreciones hasta que finalmente una de ellas se encarga de depositarlo en una celdilla.

Realmente son las abejas las que producen la miel, a partir de una sustancia, el néctar, y sus propios aportes. En las celdillas madurará esta mezcla hasta convertirse en miel. Una vez está llena la celdilla, las obreras, tan previsoras, la sellan con una tapa de cera para mantener sus propiedades hasta que tenga que ser consumida.

Pero no sólo con néctar producen las abejas la miel. Para ello también usan el llamado maná. El maná es una secreción de ciertos pulgones que se alimentan de la savia de los árboles e incluso de ciertas herbáceas, y cuyos restos azucarados expulsa después. Son muy comunes en encinares y castañares. Estas gotitas las aprovechan también, pero no son las únicas, quizás conozcáis la historia de ciertas hormigas que tienen una actividad eminentemente ganadera con estos pulgones. En algunos lugares este tipo de mieles son muy aprecidas y buscadas.

Y no sólo eso, las abejas también aprovechan el jugo de algunas frutas muy azucaradas. Hubo una época en que se “persiguió” a las abejas en los viñedos, se les achacaba que picaban las uvas. Con el tiempo se descubrió que esto no era posible, que no tenían la capacidad física como para hacer tal cosa pero, sin embargo, las avispas sí que la tenían. Las avispas tienen fuertes mandíbulas que como serruchos son capaces de cortar la piel de las uvas. En este caso, las abejas iban a aprovechar los jugos por las brechas que abrían las avispas, pero se llevaban la peor parte porque iban en mayor número.

Las abejas también pecorean polen, se trata de un alimento muy proteínico que usan en grandes cantidades para alimentar a la cría. Lo mezclan con miel y crean lo que se llama el pan de abejas. Lo van recogiendo de las flores y van haciendo bolitas sobre sus patas traseras. De este modo se las ve volar con dos pequeñas bolitas amarillas o anaranjadas colgando de sus patas. También lo guardan en celdillasm aunque no dura tanto como la miel y en ocasiones se les puede llegar a poner rancio si acumulan una gran cantidad que no puedan gastar.

Y por último, también recolectan resina de ciertos árboles. La mezclan con otra de sus secreciones, la cera, y obtienen el propóleo. Este preparado que resulta ser antibiótico y sumamente duro, es utilizado para calafatear la colmena por dentro, desinfectándola y cerrando todos los poros al calor o al frío. También sujetan sus panales en caso de que se muevan o cierran buscando la oscuridad. Se dan casos incluso en que, habiendo entrado animales a la colmena, demasiado grandes como para que ellas los saquen fuera (tras matarlos a golpe de aguijón), los “momifican” con propóleo para evitar una infección en su hogar.

Estos son los principales objetos de pecorea de nuestras pequeñas amigas, en próximos artículos os hablaré de cómo aprovecha el hombre su incansable labor. Un abrazo


3 Comentarios

  1. Repito: super interesante.

  2. No sé si son conocimientos tuyos o sacados de diversas fuentes pero está muy bien explicado.

    No sé si es término local o genérico, pero a la miel que se obtiene del maná de los pulgones le llamamos “mielato”. La primera vez que lo probé fue en el año 1988, cuando mi padre llevó las colmenas a una dehesa de toros bravos en Sierra Morena. La segunda hace un par de años, en casa de unos amigos (que también viven en el campo) que me preguntaron si sabía qué miel era la que tenían pues era un tanto extraña. Y no dudé en identificar el dulzor intenso y prolognado del mielato, para mí exquisito, no sé si un poco incrementado por la singularidad y dificultad de encontrarlo, ya que tan sólo se obtiene los años con plaga de pulgones, pues normalmente queda oculto entre el néctar mayoritario de flores.

    SALUD

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