Proyecto: Vivir en el Campo

El espíritu del camprucio

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Ayer la amiga Ana nos dejó este comentario en la Entrevista a Lucía:

Estos días he estado en Portugal y es increíble el montón de casas abandonadas que hay, tanto en la propia ciudad como fuera de ella. Casas, por cierto, con una arquitectura preciosa. Pero la gente prefiere comprarse un pisito en el centro, de nueva contrucción, que rehabitar una casa. Yo no tengo que descubrir nada porque ya me sé que se vive mucho mejor en el campo (por lo menos para lo que yo entiendo por buena vida) Lo que siempre me preocupa cuando leo noticias como estas es si un día ocurre que la gente empieza a irse en bandada al campo y no para rehabitar, sino en urbanizaciones nuevecitas que hagan que los que amamos el campo y la naturaleza veamos como poquito a poco como mueren ambos.

¡Cuánta razón tienes Ana! Como me suele pasar, seguro que de esto os habré hablado de forma secundaria algunas veces, pero no quiero evitar la oportunidad que me brinda Ana para explayarme a gusto.

El espíritu del que emigra al campo, al medio rural,… me gusta la palabra camprucio. Parece que la palabra no existe, si bien yo la conozco como algo peyorativo. Un camprucio es alguien de campo, ignorante, por lo que yo tengo entendido. Pero creo en la evolución del lenguaje y ya que no existe este término en el castellano, vamos a darle un nuevo significado. Lambrucio sí existe, es alguien glotón o goloso y viene de lamer. Pues camprucio puede ser alguien fascinado por el campo, el campo como naturaleza, como medio rural,… pero me vuelvo a ir por las ramas.

Hago mucho hincapié en el “cambia de vida”, y luego “vete al campo”,… uno puede mudarse al medio rural pero no cambiar de vida. Y este es un punto que me parece fundamental. ¿De qué nos sirve (a la humanidad y al planeta, me refiero) que alguien se mude al campo pero no cambie de vida? Pues nos sirve para estropear aún más las cosas. Por una parte seguro que habrá más contaminación, coches dando vueltas las 24 horas, gastando gasolina y molestando. Gente que no tendrá cuidado con el campo, ni lo valorará como es debido, ni le dará un uso sostenible. No nos vale de nada que alguien compre un cortijo medio derruído, lo remoce y se haga una chalecito de verano y como mucho algún fin de semana. Las casas del Casa y campo son muy bonitas pero no son casas de campo, no son casas de gente que vive en comunión con el campo.

Cuando uno se va al campo debería abandonar una serie de valores a la par que la ciudad, y tomar otros. Debería rebajar sus espectativas materiales pues la naturaleza, los animales, cortar leña le llenan a uno el espíritu y no hace falta recurrir al consumo para ello. Debería rebajar su ambición, o mejor dicho, ambicionar otro tipo de “cosas”, porque una tarde de charla junto a la chimenea en invierno, con una buena cerveza y gente a quien quieres puede ser lo mejor del mundo.

Pero, ¿qué queréis? No puedo evitar decíos el tópico de “no es más feliz quien más tiene sino quien menos necesita”, porque es meridianamente cierto. Os voy a ser sincero, nunca pensé que se pudiera ser tan feliz con tan poco. No me quejo, hay quien tiene menos, pero nosotros vivimos con un presupuesto muy ajustado y somos muy felices. Lo que, y cuando se puede se puede, y todo lo que podemos lo ahorramos para la obra.

Os voy a contar algo. En un momento muy lejano, cuando las ideas de largarnos al medio rural eran un gérmen de lo que luego fueron, hablábamos del tipo de casa que nos gustaría hacernos (en aquel momento no pensábamos en la autoconstrucción). ¡No os podéis imaginar la casa que “necesitábamos”! Una casa enorme, pero en un pueblo. Una locura, precisamente porque aún no habíamos evolucionado, no habíamos cambiado nuestra mentalidad y aquello era vivir en un pueblo pero con vida de ciudad.

Pero para qué me voy a alargar más, las espectativas de cada cual solo las puede cambiar uno mismo y la vida nos empuja también a veces a cambiarlas. Este, no os equivoquéis, es un artículo también egoísta. Pretendo manipularos para que si alguno acabáis siendo vecino mío hagáis vida de pueblo y podamos hablar de huertos y nuestros niños se vayan juntos al colegio, en lugar de tener como vecina una lujosa y moderna casa en lo que antes era un huerto vacía la mayor parte el año.

Un abrazo

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Si estáis interesados en cambiar de vida os interesa la Asociación proyecto vivir en el campo. Es una Red Rural de Apoyo en la que nos ayudamos mutuamente a alcanzar nuestros sueños. Para más información, pincha aquí.


4 Comentarios

  1. Ayer mismo reflexionábamos sobre esto mi chica y yo. Muchos de los vecinos que tenemos, afortunadamente a una distancia prudencial, viven en un pueblo porque es cool decir que tienes “chalé en la aldea” (aldea es como llaman los acomplejados al pueblo donde nacieron). Para ellos vivir en el pueblo significa poder lavar el coche delante de casa, tener un jardín de revista que te cuida un jardinero, presumir de que tienes una palmera carisísima en pleno Clima Atlántico, tirar la carretilla de escombro de la reforma en la cuneta (esto lo ví con mis propios ojos al poco de mudarme) y poder gritar como un energúmeno cuando quieras o tener una carpa con chill out para el veranito con nevera incluida para que la cervecita no se enfríe. También significa tener una piscina más grande que la del vecino, tener césped y una vez segado tirarlo al contenedor de lo orgánico, prefieren comprar los tomates de porexpán en el Mercadona porque ellos “no son agricultores”, se ríen de los abuelos que cultivan sus hortalizas porque ya las hay en las tiendas.
    Lo más triste es que a pesar de tener 35 años, tenemos más de que hablar con los abuelos que con los gañanes de nuestra generación, más preocupados por su BMW o su viaje al Caribe o que sus hijos tengan un juguete caro para cada uno de los 365 días del año. Menos mal que blogs como este nos hacen ver que otra realidad es posible. Gracias por seguir escribiendo, Gamusino.
    Un saludo desde el norte.

  2. Jo, que ilusión, me alegra que entendieras lo que quería decir. Blogs como el tuyo crean conciencia en la gente. Es una labor de educación. Felicidades.

  3. Hola soy Esther.
    Estoy decidida a hacer un cambio en mi vida, me llama la naturaleza, he echo un curso de permacultura y me senti en el paraiso.
    Estoy buscando una finquita, para poder alquilar o colaborar con alguien que tenga un proyecto parecido, mi email es esther_gar@hotmail.com

    Un abrazo a todos
    Esther

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